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Jesús Botello es un entrenador, escritor y analista deportivo destacado, conocido por sus publicaciones en el ámbito del fútbol, especialmente en temas de análisis táctico, scouting y liderazgo. Sus obras son valoradas por su profundidad, claridad y aplicabilidad práctica, siendo utilizadas tanto por profesionales del deporte como por aficionados interesados en una comprensión más profunda del juego. Ha realizado contribuciones significativas al análisis táctico, scouting y liderazgo en el fútbol a través de sus libros y artículos. Su capacidad para desglosar y explicar conceptos complejos de manera accesible y práctica ha hecho de sus obras recursos imprescindibles para profesionales y aficionados del fútbol. Su impacto en la educación y formación de entrenadores, scouts y líderes continúa siendo profundo y duradero. Jesús Botello ha popularizado el término "Caos Organizado" en el ámbito del fútbol. Este concepto se refiere a una estrategia táctica en la que un equipo aparenta desorden, pero en realidad sigue un plan meticulosamente elaborado para desorientar al oponente y aprovechar los espacios y oportunidades de manera efectiva.

domingo, 15 de noviembre de 2009

La importancia del saque de esquina en el fútbol de ataque

El Sevilla es el equipo que más partido saca actualmente a la estrategia ofensiva · Los 14 goles de córner o falta son el fruto de un trabajo radiografiado con la ayuda de Jiménez.

Jesús Alba / sevilla, sevilla | Actualizado 15.11.2009 - 08:58
 
Benito Floro, un incomprendido como todos los anticipados a su tiempo, pronunció una vez una conferencia bajo un chirriante  título, que luego, bien analizado, no lo era tanto. La importancia del saque de banda en el fútbol de ataque. Entre aquello, que se tomó a chanza más de lo que lo merecía, y su teoría del limón cuando llegó al banquillo del Real Madrid, el visionario entrenador albaceteño acabó devorado por la feroz y engreída prensa madrileña. Pero todos los entrenadores que han conocido a Floro no dudan en recordar que fue un hombre metódico y con aportaciones muy interesantes al mundo de los banquillos. El desarrollo de aquella conferencia no hacía más que ilustrar la importancia capital que en un fútbol tan igualado por el físico como el moderno tiene la estrategia. El balón parado decide muchos partidos y el Sevilla de este año es el mejor ejemplo.

El equipo nervionense, que se caracterizó en estos años atrás por los nulos resultados en esta faceta, ha dado con la tecla hasta el punto de ser el equipo que más tantos ha logrado desde el laboratorio, 14. Ha hallado un lanzador, Perotti, y se ha juntado que el aprendizaje de varias jugadas ya asimiladas por el equipo en dos años y medio de trabajo bajo la metodología del arahalense ha crecido en alternativas. También han llegado futbolistas que ayudan en el juego aéreo y ya son muchos (Luis Fabiano, Kanoute, Negredo, Renato, Konko, Squillaci, Lolo...) y por supuesto, está el acierto, que también se trabaja...

Un ejecutor
No es posible una estrategia perfecta sin un especialista, sin un lanzador cualificado que ponga el balón como lo quieren los rematadores. Un buen centro es el que sale de la bota como una pelota tensa, fuerte, con la parábola abriéndose o cerrándose para burlar a defensas y porteros. Rememorarán los sevillistas aquellos tiempos en el equipo de Juande en el que chirriaba cada falta lanzada por Martí. El balear, un futbolista modelo y clave en el crecimiento del Sevilla de los títulos, llegó a ganarse la animadversión de la grada por este aspecto. Resulta curioso también que el mayor especialista en esta faceta, Duda, tuvo que decir adiós porque los técnicos entendían que su excelente toque a balón parado no podía hipotecar el tener un jugador sobre el campo que no tuviera el ritmo de sus compañeros con la pelota en movimiento. Algo parecido ocurre con Chevantón, el más cualificado para el golpeo de la actual plantilla. Romaric vino el año pasado para arreglar este problema, pero sus ejecuciones no dieron ese salto de calidad. Fue el más inesperado, Perotti, el que propició un cambio que ha marcado la actual marcha de la temporada. Habla Jiménez. "Perotti no era el lanzador de estrategia que es ahora. Y no me estoy poniendo una medalla, sino que ha sido él el que ha querido progresar. Perotti echa muchos minutos de trabajo después de un entrenamiento intenso en sacar córners, faltas... Igual que Luis, Cheva, José Carlos, Capel, Romaric... El futbolista que es de calidad nace, pero el que lo demuestra a nivel competitivo se hace. En eso hemos crecido muchísimo y en eso tenemos la paciencia de hacer muchos entrenamientos específicos, no sólo de estrategia, sino también en otros aspectos, que los hay".

A puerta cerrada
 Ahí, en ese trabajo de campo al que se refiere Jiménez, es donde se cuece todo. Los entrenamientos a puerta cerrada no son una cosa nueva, sino que se vienen desarrollando en el fútbol de alto nivel desde hace más de veinte años. Quizá lo que ha crecido es en número. Si antes era un recurso ante un partido especial, cuando se quería sorprender a un rival con algo preparado, ahora es habitual y hasta natural. También han aumentado mucho en número los medios de comunicación y, con ello, los canales de información que le llegan al entrenador del otro equipo. "Se trabaja los dos últimos días de la semana a puerta cerrada. Y después está la impronta del futbolista, que es el que ve que una jugada es imposible que salga y toma otra decisión".

Los movimientos
 El balón ya está en juego, ya sea por el aire o -para buscar más la sorpresa- a ras de suelo. ¿Qué sucede entonces? Tanto los posibles rematadores como los que tratan de impedir que éstos rematen se mueven utilizando y jugando con el espacio. Hay desmarques, pero también bloqueos, pantallas... Una batalla que puede acabar de dos maneras: con un remate, que es lo que buscan los entrenadores (estas jugadas hay que finalizarlas ya sea a portería o fuera para evitar las contras), o con un despeje, que da lugar a una segunda jugada. "Dentro de una estrategia puede haber movimientos que se contrarresten por el rival, pero el que ejecuta la jugada a lo mejor ve que no se puede hacer y culmina lanzando. Así o una falta directa que es gol, pero en la que previamente ha habido movimientos para que se despisten los contrarios".

Tres alternativas
Los jugadores del Sevilla pueden tener aprendidos siete u ocho modelos de córners y otros tantos de faltas, ya sean laterales, diagonales o centradas. Pero dentro de cada una de ellas tiene tres alternativas distintas, tres caminos a elegir, como aquellos libros en los que el lector elegía el final. Lo bueno es cuando el jugador mecánicamente ya es capaz de cambiar de opción si ve que le han tapado la idea inicial. "Y lo hace. Inicialmente queremos que pase al balón aquí para que luego vaya a la banda y posteriormente al segundo palo. Pero si no sale eso, cuando vaya el balón al centro, en vez de abrir a la banda porque está tapada, hay que estar preparados para que hagamos una pared por el centro. Todo eso está hablado, pero ahí la inspiración del jugador es primordial", dice Jiménez.

El truco perotti
Como buen amante del otro fútbol, Jiménez sabe que la labor psicológica da siempre sus frutos y las maniobras de despiste hacia el contrario son muy aprovechables. Recordarán los sevillistas aquellos córners con Marcos Alonso en los que Jesuli y Tsartas, al trote, se cruzaban como si el griego fuera a ajecutar el saque y, en realidad, el balón ya estaba en juego. El factor sorpresa llegaba cuando Tsartas lo que hacía era conducir y meterse casi en el área. El truco de Perotti poniendo el balón fuera de la zona delimitada para el saque lo que busca es, aparte de lo que todo el mundo pueda creer ,que es ganar un metro, desconcentrar a los defensas. Éstos, inconscientemente, bajan la guardia en la marca a la hora de protestar al árbitro en unos segundos preciosos que aprovecha el Sevilla para sorprender. Lo que pasa es que la retransmisión del último partido lo enseñó demasiado y árbitros y rivales se comportarán ahora de otra manera.

en toda la cantera La idea del Sevilla es hacer que en el futuro todos los escalafones inferiores conozcan y repitan las jugadas de estrategia del primer equipo. Para ello, entre otras cosas, ha llegado este año la figura de Diego Martínez, ex técnico del Motril, cuya labor en el área de tecnificación será trabajar por líneas con los equipos de cantera para mejorar e imitar los movimientos del primer equipo. Se trata de un técnico que ha tenido muy buenos resultados en la estrategia y que irá entrando progresivamente, pero que hasta el momento no ha trabajado ni con el filial ni con el primer equipo.

lunes, 2 de noviembre de 2009

FRANCO BARESI Capitán del Milan entre 1980 y 1997

DIEGO TORRES | Milán 02/11/2009



En Italia existe la convicción generalizada de que Franco Baresi (Travagliato, 1960) es un hombre superficial cuya gigantesca obra sólo se puede atribuir al instinto. Si el intelecto se relaciona directamente con los trajes de paño de lana y los zapatos de cuerpo brillante que gastan los milaneses en Via Turati, es evidente que Baresi está por debajo de la media del país. El hombre se asoma desde su despacho en la sede del Milan con un pantalón gastado, un jersey básico, y unas zapatillas. Lleva el pelo igual de despeinado que cuando jugaba. Como si el árbitro todavía no hubiese pitado el final. Su rostro evoca una mezcla de príncipe de las tinieblas con campesino lombardo. Hay algo prehistórico en los huesos de su cabeza, una severidad remota que los ojos claros como glaciares no ayudan a suavizar. Su discurso es medido hasta que habla del Madrid. Entonces se libera.



Pregunta. ¿Sabía que su ejercicio defensivo contra la Quinta del Buitre dejó una impronta imborrable en los aficionados españoles?

Respuesta. El trabajo estaba repartido. Con Arrigo Sacchi entrenábamos mucho. Había entrenamientos en los que los cuatro defensores jugábamos contra diecisiete atacantes. Tassoti, Costacurta, Maldini y yo contra el resto. Eran sesiones de gran intensidad. Después, sentíamos el partido como un entrenamiento. Estábamos habituados a la dificultad, a las situaciones de la competición, a los posicionamientos dentro del campo y a los movimientos. Además de la calidad técnica, lo fundamental era la sintonía mental. La concentración. La capacidad de moverte con el compañero. Cosas que tal vez ahora se vean menos. El Madrid, por ejemplo, no ha cambiado tanto. Sigue siendo un equipo más atento a la fase ofensiva que a defenderse. Creo que se pueden hacer ambas cosas. Aquel Milan hacía las dos cosas.

P. Cuando usted robaba el balón casi siempre salía jugando con limpieza. ¿Cómo conseguía que ese primer toque fuese más sutil que un rebote?
R. Eso es una cualidad natural. Sin el instinto para anticipar la jugada ese primer toque es imposible. Si comprendes la jugada antes que el adversario, ganas unas centésimas que te ayudan a anticiparte, y si te anticipas es más sencillo llevarte bien la pelota e iniciar el contragolpe. Tú puedes enseñar los movimientos, los conceptos sobre cómo perfilarte ante un rival, pero la anticipación... Hay dos categorías: el 'calciatore' y el jugador. El 'calciatore' es más trabajador que inteligente. El jugador es el que sabe establecer los tiempos del juego.
P. Sacchi utilizó su sentido de la anticipación como un recurso ofensivo.
R. Yo robaba en el medio campo y me incorporaba al ataque. Así desbordábamos a medio equipo contrario. Era una manera de sorprender.
P. Normalmente la sorpresa se busca en ataque. ¿Ustedes se propusieron sorprender en defensa?
R. Para nosotros fue muy importante el fuera de juego porque muy pocos jugadores sabían hacerlo y muchos menos afrontarlo. Lo curioso es que hoy se hace menos que hace 15 años. Es más difícil porque todos los equipos ahora están más o menos organizados. En mi época no había organización. El Milan fue el primer equipo que practicó un fútbol con todos los componentes nuevos: fuera de juego, presión, achique... El efecto en los rivales era de sorpresa, de parálisis. Y nos daba una gran ventaja porque nosotros lo racionalizábamos: marcábamos los tiempos para movernos al unísono, con las líneas siempre juntas. Los otros iban a contrapié. Al rival que recibía el balón le hacíamos tres para uno. Lo practicábamos tanto en los entrenamientos y nos daba tanto resultado que llegamos a divertirnos entrenando sin balón. Al final, los mecanismos eran naturales. Si a eso añadías grandes jugadores... Teníamos orden, calidad, y una voluntad muy grande de dejar una marca importante. No sólo queríamos ganar. Queríamos asombrar a quien nos veía. Sacchi y Berlusconi querían que jugásemos un fútbol bello. Sin especular.
P. ¿Qué era lo que tenía en cuenta cuando ordenaba tirar el fuera de juego?
R. El fuera de juego es una consecuencia. No dices: 'Ahora tiramos el fuera de juego'. Es una consecuencia de cómo se mueve el equipo. Hay que estar muy atento al balón. Si el balón está en posesión del rival, y el jugador que lo tiene cuenta con espacio y tiempo, no puedes tirar el fuera de juego porque tienes grandes posibilidades de fracasar. Hay que distinguir entre 'balón descubierto' y 'balón cubierto'. Para tirar el fuera de juego el balón siempre tiene que estar cubierto. En el sentido de que todo el equipo debe presionar sobre el balón para que los contrarios no tengan la posibilidad de disponer fácilmente de la posesión. En función de estas situaciones debes tomar la decisión, cuidando mucho la ubicación de los laterales. Los laterales deben estar en línea. Nunca en diagonal. Lo cierto es que lo hacíamos con naturalidad. A veces nos salía mal y nos hacían goles. Pero el balance fue positivo. Fueron más los goles que evitamos que los que recibimos.
P. ¿Con qué equipos resultaba más difícil tirar el fuera de juego?
R. Con el Madrid no fue sencillo. Cuando enfrentabas rivales habilidosos que te atacaban con muchos hombres todo se complicaba. Y tengo que decir que para mí el Madrid supuso una novedad. En Italia nadie te atacaba así y en Europa tampoco. El Madrid siempre eliminó al Inter de Europa a principio de los ochenta. El Inter era muy defensivo, se amontonaba sobre su área. Ni siquiera marcaba en zona. Si al Madrid le dabas la iniciativa estabas muerto. Antes y ahora, eso sigue siendo así. El Inter no estaba preparado. Y cuando el Madrid jugó contra nosotros se sorprendió de encontrarse con un equipo italiano tan agresivo, tan lanzado al ataque. Fuimos los primeros.
P. Usted parecía físicamente frágil pero hacía unos esfuerzos increíbles sin apenas notarlo. ¿Hasta qué punto se infravaloró su capacidad atlética?
R. Tenía una musculatura elástica. Nunca me rompí. Mi fuerte era esa rapidez.
P. ¿A Van Basten no le gustaba entrenarse?
R. No es verdad. Los holandeses para nosotros fueron muy importantes. Ellos tenían una mentalidad ofensiva que nos contagiaba. Los italianos éramos más conservadores y ellos nos cambiaron un poco. En los entrenamientos eran extraordinarios. Sólo que hubo un momento en que Van Basten estaba hastiado. Porque Sacchi era un poco maníaco y Van Basten pedía un poco de elasticidad. Llegó un punto en el que quiso un poco menos de tensión.

P. ¿Por qué le gustaba tanto el fútbol?
P. El fútbol es una cosa que he llevado siempre dentro. Desde pequeño. Cuando lo llevas dentro no te pesan los entrenamientos, no te pesan los partidos...

R. ¿Cuál es su primer recuerdo del fútbol profesional?
P. El Mundial de 1970. Italia-Alemania. 4-3. Lo vi por la televisión y fue mi primera gran emoción. Después me hice milanista y admirador de Rivera. No sé si nací defensor. Cuando era un chaval jugaba en el centro del campo. Y empecé a jugar pronto atrás porque tenía esa visión panorámica, ese instinto para ordenar, para comandar desplazando el balón, en resumen.
R. ¿Su talento era instintivo?
P. Sí, claro. El juego se entiende por instinto. Porque antes de que ocurran las cosas tú las piensas. Entiendes la jugada sin preguntarte qué está pasando primero. Si estamos a la par y tú eres más rápido que yo, y comprendemos la jugada igual, tú llegas antes. Si yo lo entiendo antes llego antes yo, aunque tú seas más rápido. Son pequeñas cosas. En el fútbol es importante ser inteligente.
R. En el Mundial de Estados Unidos tuvo que jugar la final diez días después de operarse del menisco. ¿No le dolía la rodilla?
P. Me operaron rápido y después hice un poco de gimnasia y de carrera. Hice dos entrenamientos en los dos días previos a la final. No me sentía seguro de jugar. Sacchi tampoco sabía si arriesgar o no conmigo en un partido así. Pero descalificaron a Costacurta, hubo un par de lesiones, y Sacchi debió arriesgar.
P. ¿Le dijo algo Sacchi sobre cómo marcar a Romario?
R. No mucho. Sacchi siempre estaba muy atento a los detalles del propio equipo.
P. Romario hacía un control, un toque, y después usted le quitaba el balón. ¿Estaba previsto que lo dejaría recibir?
R. No. Cuando marcas a uno como Romario tienes que tener una gran tensión. Para mi era un estímulo increíble medirme a él y a Bebeto. Estaba exaltado.
P. No daba la sensación de pensarse nada. Entraba como una bala y se llevaba la pelota.
R. Contra Romario no puedes pensar. Tienes que estar en tensión máxima y actuar a toda velocidad.
P. Se le veía actuar con una gran determinación. Como si supiese lo que debía hacer antes de que ocurriesen las cosas. ¿Nunca dudaba?
R. Yo sólo me paraba a pensar cuando estaba mal físicamente. Nunca empleé el cuerpo para chocar. Mi juego se basaba en la astucia y en el ritmo, y para practicarlo necesitaba estar rápido de piernas. Tal vez por eso parecía que no pensaba. Otro factor son los compañeros. Tuve la suerte de jugar durante diez años con Tassoti, Maldini y Costacurta. Había una sintonía tan grande entre nosotros que actuábamos como si no pensásemos.
P. ¿Por qué hacía tan pocas faltas? ¿Un central no debe hacer más faltas?
R. Siempre procuré ser determinado. Con eso me bastaba. Intimidar con faltas no era mi estilo.
P. ¿Qué piensa de este Milan?
R. Que se está encontrando después de un comienzo malo en el que sufrió la retirada de Maldini, el cambio de entrenador y la partida de Kaká. La escuadra se ha dispersado y la condición física de los jugadores no ha sido buena. Ahora el equipo está mejor, básicamente porque ha definido un estilo que se ajusta a las características de estos jugadores. Creo que en Madrid encontraron el esquema en el que se pueden encontrar bien. Tal vez el ritmo no sea alto, pero tienen jugadores de una gran calidad y pueden crear problemas a muchos equipos. Siempre dependiendo de las condiciones físicas de jugadores que no están en su máximo nivel.
P. ¿Este equipo podría practicar el fútbol del Milan de Sacchi?
P. Nunca. En este momento el Milan no puede hacer un juego agresivo ni veloz. Pero tiene el cambio de ritmo que le permite Pato, y tiene a Ronaldinho, que virtualmente posee esa cualidad para cambiar de ritmo, aunque ahora no está físicamente en su mejor nivel. Todavía debe mejorar. En suma, podemos crear problemas a los rivales porque movemos bien el balón y cambiamos de orientación con gran precisión. Pero vamos a nuestro ritmo. Si encontramos un rival que n os obliga a un ritmo más alto nos mete en dificultades. Pero con los jugadores que tenemos, con Pirlo, Ambrosini, Seedorf, Gatusso, llevan tanto tiempo, tantos años jugando en un alto nivel que no se puede pretender que jueguen al máximo nivel físico 70 partidos por temporada.
R. En el Bernabéu no presionaron. Simplemente se agruparon atrás y...
P. No es un equipo diseñado para eso. No está pensado para defender sino para imponer el propio juego. Tiene problemas cuando se encuentra equipos que imprimen un ritmo alto al partido. Ahí el Milan se queda muy por debajo porque pierde el balón y le cuesta recuperarlo. Eso me hizo pensar que en el Bernabéu sufriría. ¿Pero el Madrid iba más lento que nosotros! Es extraño porque el Madrid ha empezado la temporada jugando bien. Después no se sabe por qué se han caído.
P. ¿Kaká es delantero o media punta?

R. Aquí empezó como media punta por detrás de dos atacantes, en un esquema de rombo. Ahora pienso que él puede rendir más detrás de un atacante. Porque él sabe desmarcarse muy bien y es bueno para llegar a posiciones de tiro. Es poco eficaz sin balón y es un error hacerlo correr hacia atrás. Lo ideal es que juegue detrás del punta. En este sentido el Madrid está condicionado por Raúl. Porque el equipo ideal del Madrid sería con Benzema en punta, Kaká por detrás, Ronaldo a la izquierda y un centrocampista que ayude por la derecha... Robben no le habría venido mal ahí... y en el medio yo podría a Guti y Lass... en un 4-2-3-1. En ese esquema necesitas velocidad, y Robben te la daba. Hoy en el fútbol es fundamental tener gente rápida que ocupe las bandas en ataque, y no siempre pidiendo el balón al pie. Con Robben o con Ribéry obligarías al equipo contrario a replegarse. Los extremos te brindan espacio en el medio para poder tener el balón y dominar. Con esos jugadores Kaká aprovecharía mejor los espacios. Si juega Raúl está claro que Kaká debe sacrificarse más. Esto le resta eficacia al equipo cuando pierde el balón. Es un lastre para el equilibrio. Pero Raúl es el capitán y dejarlo fuera es un problema.
R. ¿Cree que este Madrid es un superequipo?
P. Una cosa no me encaja. ¿Por qué han contratado a Xabi Alonso? Xabi Alonso es un buen jugador pero responde al mismo perfil que Gago, Granero y Mahmadou Diarra. Debieron fichar a Felipe Melo [volante de la Juventus]. Técnica y físicamente es superior. Es capaz de darle otra dimensión al medio campo. Lass, Xabi y Granero juegan en el mismo plano. Es un error ponerlos juntos. En la plantilla del Madrid, el único que rompe la línea es Guti. Y después escojo a Diarra. Correcto, con y sin balón.
P. ¿Qué otro problema detecta?
R. La plantilla no está muy bien construida. Le faltan algunas cosas para ser un superequipo... Atrás, los dos centrales no son malos. Pero los laterales... Yo veo todos los partidos del Madrid y Ramos es un desastre. Quizás sea un poco presuntuoso. No se da cuenta de lo que sucede en el campo. Ni defiende ni ataca. Tal vez esté pagando los desequilibrios del equipo en esa banda, en donde no hay ni extremo ni interior. En cualquier caso, como central me gustaba más. En la banda no defiende nunca. Es un punto débil. Ronaldinho lo aprovechó en el partido de ida. Marcelo también tiene dificultad para defender, por su mentalidad, pero al menos ataca con naturalidad.