Lo mejor está por llegar

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Jesús Botello es un entrenador, escritor y analista deportivo destacado, conocido por sus publicaciones en el ámbito del fútbol, especialmente en temas de análisis táctico, scouting y liderazgo. Sus obras son valoradas por su profundidad, claridad y aplicabilidad práctica, siendo utilizadas tanto por profesionales del deporte como por aficionados interesados en una comprensión más profunda del juego. Ha realizado contribuciones significativas al análisis táctico, scouting y liderazgo en el fútbol a través de sus libros y artículos. Su capacidad para desglosar y explicar conceptos complejos de manera accesible y práctica ha hecho de sus obras recursos imprescindibles para profesionales y aficionados del fútbol. Su impacto en la educación y formación de entrenadores, scouts y líderes continúa siendo profundo y duradero. Jesús Botello ha popularizado el término "Caos Organizado" en el ámbito del fútbol. Este concepto se refiere a una estrategia táctica en la que un equipo aparenta desorden, pero en realidad sigue un plan meticulosamente elaborado para desorientar al oponente y aprovechar los espacios y oportunidades de manera efectiva.

domingo, 25 de abril de 2010

La motivación

 

JOHN CARLIN Internacional

El mundo es de los resentidos

- "El genio es un 1% de inspiración y un 99% de sudor".
-Thomas Edison, que patentó más de 1.000 inventos.
Puede que Edison exagerara. O que no estaba pensando en el fútbol cuando soltó su célebre frase. Pero es verdad que el elemento decisivo en el éxito del Barcelona la temporada pasada, como en el éxito arrollador del Manchester United en Inglaterra durante las últimas dos décadas, han sido las ganas, más que el genio. La receta mágica consiste en combinar las dos cosas. Pero si uno tiene más deseo de triunfar que el rival, el factor genio se anula, o su peso disminuye.

Todo esto es muy obvio pero es útil recordarlo a estas alturas de la temporada, cuando las cosas se empiezan a poner en su sitio, porque sirve de explicación para gran parte de lo que ha pasado y está pasando. Nos explica, por ejemplo, cómo fue posible que el Alcorcón eliminara al Real Madrid multimillonario de la Copa del Rey; que el Espanyol casi ganara al Barcelona el fin de semana pasado; que un equipo falto de talento (salvo Rooney y el veterano Scholes) como el Manchester United siga compitiendo por la Liga inglesa; que el Inter de Milán, equipo de viejos soldados, venciera de manera contundente en la Champions League al Barça de Xavi y Messi.

¿De dónde salen esas ganas, y la fe ciega que generan? La figura del entrenador es importante. A veces la gente se pregunta para qué sirve un entrenador, o qué es lo que define a uno bueno. Pues eso, la capacidad de motivar. Un entrenador puede tener una capacidad intelectual enorme para entender las teclas del juego, pero si no sabe inspirar a sus jugadores no sirve para nada. Si Alex Ferguson, el entrenador del Manchester, se sentara en una clase en la que Pep Guardiola ejerciera de profesor de táctica futbolística, estaría tan perdido como el niño en la clase de matemáticas que nunca entendió los principios básicos de sumar y restar. Pero ese 99% de sudor, que es la consecuencia del hambre de triunfar, Ferguson lo posee a tope. Por eso es capaz de convertir a jugadores mediocres como Darren Fletcher, Michael Carrick, John O'Shea y Ji-Sung Park en campeones.

El Inter de Milán tampoco está exactamente repleto de jugadores brillantes. ¿Cómo es, entonces, que ganó merecidamente 3 a 1 al SúperBarça en lo que fue para ambos el partido más importante de la temporada? En parte, quizá, porque su entrenador, José Mourinho, organizó mejor a los suyos, pero ante todo porque el Inter tuvo más deseo de ganar. ¿Por qué? Porque Mourinho jugaba con ventaja. Tuvo la suerte de tener en sus filas a un grupo de jugadores la mitad de los cuales entraron al campo armados con el motor motivador más potente que conoce la humanidad, el resentimiento.

Tres de los jugadores del Inter fueron descartados por el Real Madrid (Walter Samuel, Esteban Cambiasso y Wesley Sneijder) y dos (Samuel Eto'o y Thiago Motta) los descartó el propio Barça. A esto se suma el resentimiento de la hinchada del Inter, que rugió como nunca el martes en San Siro, consciente de que se le presentaba por fin la posibilidad de curar una vieja herida, de ganar por primera vez la Copa de Europa desde 1965, período en el que el Milan, su odiado vecino, la ha alzado seis veces.

Quizá el fondo de la cuestión, y el probable secreto del extraordinario éxito que Mourinho ha logrado en tres clubes, en tres países, en ocho años, sea que el portugués tiene toda la pinta de ser por naturaleza un resentido, peleado con el mundo, como lo es, manifiestamente, Alex Ferguson. Guardiola, en cambio, parece que no. La suerte es que en este preciso momento, tras la peor derrota de su mandato, sí lo es. Como también lo son sus jugadores. Se les cuestiona que por primera vez en mucho tiempo, tienen el orgullo dolido y en el partido de vuelta del miércoles les poseerá un deseo desesperado de reivindicarse frente al mundo.

Si resulta que la satisfacción de la victoria calmó un poco la acomplejada ansiedad de los jugadores del Inter, si los que salen al campo con la dosis de resentimiento más alta son los del Barça, sin excluir a los genios Messi y Xavi, suyo será el triunfo en la batalla del Camp Nou.

lunes, 19 de abril de 2010

"En Italia el regate está mal visto"

ENTREVISTA: LIGA DE CAMPEONES - Ida de las semifinales SANDRO MAZZOLA Campeón de Europa con el Inter en 1964 y 1965

"En Italia el regate está mal visto"


    Sandro Mazzola                                                               ELEONORA GIOVIO - Milán - 19/04/2010
 
Pregunta. ¿Le sigue gustando el fútbol?
Respuesta. A mí sí. Son los niños italianos de ahora los que ya no juegan al fútbol. Tengo un sobrino de 14 años, en Navidad o Semana Santa se junta con todos los primos: son 25 y no hay 11 para jugar. Prefieren ir a esquiar. Viven acomodados, por eso ya no salen futbolistas. Han desaparecido los campitos de la Iglesia. Yo jugaba en uno de 20 por 30 metros. Éramos 35 y había que regatear. El que no lo hacía, no jugaba nunca. Ahora todo son espacios grandes, en el calcio el regate no está bien visto. Prima lo físico. Tenemos a Totti, Del Piero, Cassano, ¿y quién más? Nos equivocamos.
P. ¿Cómo era el fútbol cuando jugaba usted?
R. La mía fue la generación que no había vivido la guerra, pero sí acababa de salir de ella. Había hambre y a los niños pobres no nos quedaba otra cosa que el fútbol. Podías correr en bici, pero para comprar una bicicleta había que tener dinero. Para comprar una pelota de plástico hacíamos una colecta. Y te morías de ganas de que llegara el domingo para ir al campito de la iglesia a jugar. Y el cura, don Giordano, no nos daba las llaves si no íbamos todos a la misa de las 7.30 de la mañana. En el campo hacías lo que te daba la gana, sin más, sin esquemas.
P. ¿Ni cuando llegó al Inter?
R. No. Cuando llegué era el más pequeñito y el más flaco, me pusieron de ala. Lo odiaba, sufría, era un infierno estar pegado a la cal. Pero aprendía, porque Giuseppe Meazza, mi técnico, daba clases de vida y muy pocas de fútbol.
P. ¿Qué tipo era?
R. Una persona excepcional. Era el responsable de las categorías inferiores. Era ya un poco mayor y se pasaba el invierno vestido de paisano mirándonos desde lejos. Cuando llegaba el calorcito de la primavera se ponía el chándal y bajaba al césped. Le pedíamos que jugara con nosotros. Me encantaba tenerle en el campo, nunca he visto a nadie con su golpeo de balón. La pelota salía tan rápida y tan fuerte y parecía que no le costaba ningún esfuerzo. Nos enseñaba a ser correctos. Una vez, en un partido que jugué de ala, no toqué bola me quejé con un compañero: 'Joder, es que no me pasas ni una'. Meazza me oyó y me echó la bronca: 'A ver pastina [algo así como fideos], yo he ganado dos Mundiales y nunca me he quejado de un compañero, la próxima vez que te oiga decir eso no vuelves a jugar'.
P. ¿Cómo eran los vestuarios?
R. Había alguna ducha y los baños eran para hacer todo de pie. Los vestuarios de San Siro estaban pegados los unos a los otros. Y, como calentabas en la puerta del vestuario, los rivales te veían y tú a ellos. Por aquel entonces eran 15 los que iban convocados. Recuerdo que Helenio, en un derbi, mandó a calentar a un compañero dentro del vestuario para despistar al Milan. El Mago era diabólico.
P. ¿Y las concentraciones?
R. A veces duraban seis días. Y tocaba escaparnos de vez en cuando. Recuerdo que Burgnich, al que apodábamos el cura, estudiaba los movimientos de H.H. Me dijo un día: 'Helenio ha dejado las zapatillas en la puerta y ha encendido la lámpara de la mesita de noche. Es una trampa, cuando hace eso es que se marcha a su casa a dormir. Vámonos'. Bajé al garaje para coger el coche, miré la ventana de Helenio y de repente le veo moviendo la cabeza de un lado a otro. Nos pilló. Nos escapamos igual y al día siguiente la bronca fue enorme.
P. Fue el primero en dejar a las novias ir a los hoteles...
R. Sería en el Roma, porque yo en el Inter nunca vi llegar una. Llegamos incluso a amenazarle con hacer huelga para acortar las concentraciones. Conseguimos convencer hasta a Luisito Suárez, el jugador más profesional que he conocido, que siempre decía lo mismo: 'En la España franquista no existe esto de la huelga'. Un día le dijimos al presidente Angelo Moratti que nos plantaríamos, y nos contestó: 'Me encantaría ver la cara que pone el cerebro'.
P. ¿Le llamaba cerebro a HH?
R. Sí, porque era para volverse loco. Cuando HH llegó a Italia el fútbol casi no era profesional. Él lo inventó e impuso reglas muy duras. Yo, con 11 años, cuando era mascota del Inter, veía a gente fumar en los vestuarios, con dos estiramientos jugabas, nada de calentar. Helenio lo revolucionó todo, fue el inventor del fútbol moderno. Siempre llevaba una gabardina negra y te miraba con esos ojos tan negros y penetrantes que te acojonaba. Cuando te hablaba siempre lo hacía acercándote el dedo a la cara.
P. ¿Hablaba de algo que no fuera fútbol?
R. No. Sólo nos decía que no nos pasáramos con las novias. No te vigilaba, pero porque se daba cuenta viéndote entrenar.
P. ¿Cómo celebraron los títulos intercontinentales?
R. En Buenos Aires llevábamos 20 días concentrados. Llegamos al hotel con la Copa y Helenio nos ofreció un vaso de agua, uno de vino y sopa de verdura. Nos miramos todos alucinados: ¿somos campeones del mundo y no hay champán? 'El domingo hay Liga contra el Varese', nos dijo. ¡Ni que fuera la Juve! Él siempre pensaba en el siguiente rival. Subimos todos a las habitaciones y volvimos a bajar a la media hora cuando Helenio ya se había dormido. Peiró se puso a hacer sangría, bebimos champán y dejamos todas las botellas vacías en la puerta de Helenio. A la mañana siguiente se fue como un loco a buscar al médico, que se supone que nos tenía que vigilar...
P. ¿Cómo eran las charlas?
R. Las famosas confessioni. Helenio te enseñaba una fotografía de tu rival y te explicaba todas las características. Una vez, antes de un partido contra el Everton, me dijo: 'Mira a éste, que sepa que hasta le han metido en la cárcel por dar una paliza. Pega como un forjador así que como no seas rápido con la pelota te va a machacar'. Entrenaba la cabeza antes que las piernas, como Mourinho.
P. ¿Qué estadio le impresionó?
R. El viejo Anfield. Era todo de madera, todos cantaban y daban golpes con los pies, había un eco enorme. Y el Bernabéu, me quedé mirando preguntándome si era de verdad. Lo mismo me pasó con Alfredo di Stefano, para mí era Dios y cuando me lo encontré en el Prater de Viena en la final de 1964 me quedé embobado mirándole. En el túnel casi no había luz, sólo un par de bombillas y yo miraba a Alfredo y me parecía que medía dos metros. Recuerdo que Luisito Suárez me dijo: 'Sandro, tú quédate aquí mirando a Alfredo, nosotros vamos a jugar la final'. Suárez era el comandante. Un día contra el Palermo me lanzó un pase por la izquierda. Fui a por la bola, pero cuando vi que no llegaba a ella me paré. Luisito me echó la bronca: 'Qué cojones haces, yo nunca fallo un pase'. Y era verdad, no fallaba nunca.
P. ¿Hoy tiene alguien su calidad?
R. No, quizás se le acerquen Xavi e Iniesta.
P. ¿Se enfrentó al Barça?
R. No, siempre jugábamos contra el Real Madrid de Di Stéfano, Gento y Puskas. Cuando les ganamos en Viena yo fui como un loco a por la camiseta de Di Stéfano pero me encontré a Puskas en el camino. Me dijo: 'Enhorabuena, yo jugué contra tu padre, eres digno de ser su hijo'. Y me dio su camiseta. Todavía la guardo.
P. ¿Hay algo de Mourinho que le recuerda a Helenio?
R. Que ha devuelto la pelota a los entrenamientos. Siempre entrena con ella. Y es un gran motivador. El Inter ahora funciona porque cada uno sabe lo que tiene que hacer y porque cada uno ha tenido que ganarse el puesto, incluido Eto'o. Helenio igual que Mourinho nos mantenía a todos despiertos. De hecho, dejamos de ser un gran equipo cuando nos creímos los mejores. No hay nadie que estudie tanto los rivales como Mourinho. Habrá mirado horas y horas de vídeos sobre el Barcelona. Y nada le pillará desprevenido.
P. ¿Cómo se le gana al Barça?
R. Impidiendo a Messi que reciba la pelota e impidiendo a Xavi hacer su juego.
P. ¿Qué recuerda de su padre [Valentino, fallecido en el accidente del Torino en Superga en 1949]?
R. Que era un medio que marcaba 25 goles por año, decían que era un fútbol mucho más fácil... pero él mezclaba técnica y fuerza.