Lo mejor está por llegar

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Jesús Botello es un entrenador, escritor y analista deportivo destacado, conocido por sus publicaciones en el ámbito del fútbol, especialmente en temas de análisis táctico, scouting y liderazgo. Sus obras son valoradas por su profundidad, claridad y aplicabilidad práctica, siendo utilizadas tanto por profesionales del deporte como por aficionados interesados en una comprensión más profunda del juego. Ha realizado contribuciones significativas al análisis táctico, scouting y liderazgo en el fútbol a través de sus libros y artículos. Su capacidad para desglosar y explicar conceptos complejos de manera accesible y práctica ha hecho de sus obras recursos imprescindibles para profesionales y aficionados del fútbol. Su impacto en la educación y formación de entrenadores, scouts y líderes continúa siendo profundo y duradero. Jesús Botello ha popularizado el término "Caos Organizado" en el ámbito del fútbol. Este concepto se refiere a una estrategia táctica en la que un equipo aparenta desorden, pero en realidad sigue un plan meticulosamente elaborado para desorientar al oponente y aprovechar los espacios y oportunidades de manera efectiva.

lunes, 16 de agosto de 2010

El técnico del Madrid, considerado una persona cercana por los jugadores, lo controla todo y quiere un equipo a su medida

Mourinho impone su ley

ELEONORA GIOVIO - Madrid - 16/08/2010
 José Mourinho, durante un entrenamiento
En Inglaterra le llamaban The Special One (El Único). En el calcio, en su presentación como técnico del Inter, irrumpió en la sala de prensa utilizando la jerga milanesa. "Non sono un pirla" ("No soy ningún imbécil"), espetó a los atónitos periodistas. En Madrid es José Mourinho, sin más. Eso dijo el día de su puesta en escena en el estadio Santiago Bernabéu después de aparcar su Ferrari azul oscuro: "Yo soy José Mourinho. Uno que ha venido aquí con todas sus cualidades y todos sus defectos".Para los ingleses sigue siendo The Special One. Y para los italianos, el que se presentó diciendo que no era un pirla. Durante la pretemporada en Los Ángeles, no había día en que un grupo de hinchas británicos no le esperase a la salida del entrenamiento para cantarle: "Stand up for the Special One". Una tarde hasta apareció un hincha del Inter con la camiseta del centenario y una pancarta: Non eri un pirla. Y debajo, las fechas de los tres títulos conseguidos con los neroazzurri (Liga, Copa y Champions).

Él sabe que es especial. Y se gusta. Aunque luego diga que cada entrenador tiene su biblia futbolística y que no hay más misterio. Pero, entonces, ¿qué le hace diferente? "Tiene el mismo efecto que Curro Romero. Cuando conocí a Mourinho, enseguida pensé que era otra cosa. Distinto a los demás. Se ve que tiene algo especial y una gran virtud: dice las cosas claras", cuenta Julio Cendal, el jefe de seguridad del Madrid. Es la opinión que comparten en todos los departamentos del club. La plantilla le ve como un técnico cercano. "Es la primera vez que trabajo con Mou y me ha impresionado por el trato que tiene con los jugadores. Habla la lengua del futbolista y es cercano", explica Pepe. "Es un ganador y quiere dominar física y mentalmente. Y siempre trabaja con el balón", dice Diarra. "Lo que le diferencia de Pellegrini es la agresividad. Quiere que nos entrenemos a tope, sin relajación. Nos transmite que para ganar hay que sufrir", analiza Marcelo.
Las sesiones de entrenamientos, dobles, duran 90 minutos de reloj. Mourinho las cronometra. No para de apuntar cosas en su libreta. Llega una hora antes que los demás y lo deja todo preparado. Y delega lo justo en sus ayudantes. Es él quien está siempre encima de los jugadores. Y no deja de gritarles. Es él quien cuida todo los detalles. Incluidos los fichajes. Manuel Pellegrini se encontró con una plantilla hecha por el presidente, Florentino Pérez, y por Jorge Valdano. Al portugués, en cambio, le han dejado plenos poderes para decidir los refuerzos.
Es Mourinho. Un técnico que cobra casi nueve millones de euros. El que fue capaz de decir, tres días antes de la final de la Champions y con Liga y Copa en el bolsillo, que en Italia no se sentía respetado. El que se burló de un árbitro tras la expulsión de un jugador y salió del campo con el gesto de las manos esposadas. Es capaz de interrumpir una rueda de prensa para decir a un periodista: "Te pareces a Steven Spielberg". Y es el que, en las semifinales de la Champions contra el Barça en San Siro, hizo sentar a Figo a su lado en el banquillo sabiendo que es íntimo amigo de Pep Guardiola. El que, después de la expulsión de Motta, se acercó a Guardiola y le dijo al oído: "Ni así vais a ganar". Es el que en mayo, en pleno huracán mediático sobre su futuro blanco, eligió hospedarse en Mirasierra Suites, el hotel de concentración del Madrid, para preparar la final de la Champions. Y el que, en la rueda de prensa previa, fue capaz de tirarse una hora hablando. De todo, menos del rival. Mourinho es el que, nada más proclamarse campeón de Europa, salió en todas las televisiones diciendo que lo del Inter se había acabado y esa noche ni siquiera se subió al avión del equipo aunque en Milán le esperaban 60.000 aficionados.
Porque los códigos y las reglas valen para todos menos para él, que impone los suyos. "Lo importante es ganar la Copa de Europa, no lo que se hace después", dijo cuando le preguntaron sobre su ausencia en el avión. Lo importante para él era negociar su contrato con el Madrid antes incluso de reunirse con Massimo Moratti y antes de que los blancos despidieran a Pellegrini. A Mourinho nadie le hace sombra. Ni en el Oporto, donde solo existía él. Ni en el Chelsea, donde incluso quitó protagonismo a Roman Abramóvich. Y, después de haber vacilado con su verbo a Ferguson, Benítez y Wenger en la Premier, exportó su modelo al Inter. La temporada pasada le multaron dos veces. Una por teatrero cuando el gesto de las esposas. Y otra por irse de la lengua -"con el dinero que se han ahorrado en las primas para la Copa a ver si dan algo al Siena
[el último rival del Inter en la Liga]", dijo al Roma tras arrebatarle el título copero. En el Madrid quiere hacer lo mismo: provocar, centrar la atención en su persona para que los jugadores trabajen sin presión. Y es tan provocador que lo consigue. "No hace falta que la presión llegue desde fuera, soy yo el que la mete desde dentro", dice. Puede que sea el técnico que más disfruta en una sala de prensa. Hasta que pierde. Entonces impone el silenzio stampa. Como con el Inter el curso pasado.
Cuando se sienta ante los periodistas explica las cosas como si estuviese charlando por teléfono con un amigo de toda la vida. "Quiero un equipo a mi medida", dijo en Los Ángeles. Normalmente, es el entrenador quien amolda el grupo en función de las características de sus jugadores. En su caso, es todo lo contrario: "A mi medida significa con fuerza, ambición y sin miedo. La crítica tiene que ser un factor positivo, no de presión". Para ello ejerce de batidora. Desvía la atención -en los partidos amistosos se marchaba del banquillo para verlos desde el banderín de córner, por ejemplo- con diferentes estrategias y un objetivo: sacar de quicio a todos, menos a sus jugadores. Que se lo pregunten a Rijkaard, si no, o a los jugadores del Barça.
En el Madrid aseguran que es difícil discutirle los planteamientos, que es trabajador y exigente. Los jugadores añaden que se queja de lo malo, pero que también alaba a aquel que hace las cosas bien. No ha habido día que haya repetido un ejercicio. Tampoco ha habido días con carreras continuas, que tanto le gustaban a Fabio Capello. Todas las sesiones son con el balón. Dice Rui Faria, el preparador físico, que lo fácil sería entrenarse sin la pelota y que para entrenarse con ella hay que saber mucho porque requiere un trabajo mucho más específico.
Florentino Pérez, cansado de un técnico de bajo perfil como Manuel Pellegrini, fichó a Mourinho por provocador y por motivador. Y porque es capaz de sacar el máximo provecho de sus jugadores. A él se encomienda, entre otras cosas, para que recupere a Benzema. Como hizo con Sneijder. El holandés, descarte del propio presidente y considerado un desecho por la dirección deportiva, fue clave para el triplete del Inter. El poder que ejerce el técnico portugués sobre sus jugadores es tan grande que no se explican, si no, las lágrimas de un tipo tan duro como Materazzi. El central rompió a llorar abrazado a Mourinho cuando se despidió de él en una de las rampas del Bernabéu tras la Champions. No se explica, si no, cómo pudo sentar a Eto'o en el banquillo para luego pedirle que se sacrificara por el equipo -jugar más cerca del lateral que de la portería- sin que el camerunés rechistara. Y eso que acostumbraba a soltar la lengua sin freno. Ahora, con la salida de Mou, es cuando ha hablado por primera vez. Para pedirle a Benítez que le acerque a la portería.

lunes, 2 de agosto de 2010

Los hombres de Mourinho

El entrenador del Madrid ha fichado a tres técnicos de los que nunca se separa

ELEONORA GIOVIO - Los Ángeles - 02/08/2010
Mourinho, con sus jugadores en un entrenamiento
A José Mourinho no le gusta demasiado conducir. Por eso siempre busca casa al lado de Silvino para que le lleve a los entrenamientos. Silvino es el preparador de porteros del Madrid. También lo fue del Chelsea y el Inter. Y antes, del Oporto. Desde esa época sigue a Mourinho allá donde va. Es uno de sus hombres de confianza junto a Rui Faria, el preparador físico, y José Morais, una especie de agente 007, el encargado de espiar a los rivales, redactar informes y ayudar a su jefe en la parte táctica.

"Silvino es un tesoro, el mejor entrenador que he tenido y, sobre todo, una persona honrada, un bien que escasea en el fútbol", cuenta Francesco Toldo, guardameta del Inter que acaba de colgar las botas y ha convivido dos temporadas con el ayudante de Mourinho. "No había día que no cambiara de ejercicio. Sigue a rajatabla la política de Mou", continúa. Silvino tiene 51 años. Fue portero del Benfica y el Oporto y también de la selección lusa. Con el Benfica disputó dos finales de la Copa de Europa y las perdió: contra el Milan de Rijkaard y el PSV Eindhoven de Koeman. Dicen en Portugal que es adorado por los jugadores por su forma de ser tan bromista. Dicen que, de no haber sido por él, Vítor Baia no se habría recuperado tras su paso por el Barça. Dicen también que nunca niega una sonrisa a nadie. Y es verdad. El jueves, en el primer entrenamiento del Madrid en Los Ángeles, cuando unos voluntarios de la UCLA entraron al campo para repartir camisetas y gorros con el logo de la Universidad, fue el único que se los puso. Y con una sonrisa: "Así voy a salir esta noche", bromeaba.

Es alto, fuerte, moreno. Se pasea por el césped como una sombra y siempre lleva puestos los guantes. Nunca se le oye gritar. Nació en Setúbal, igual que Mourinho. Son tan inseparables que hasta suelen ir de vacaciones juntos con sus respectivas familias. El técnico se lo encontró en el Oporto -cuando fichó en 2002, ya llevaba allí unos años, desde que colgara las botas- y ya no se ha separado de él. Silvino le siguió al Chelsea y el Inter y ahora al Madrid.

A Rui Faria, el preparador físico, de 35 años, con cara de niño bueno y barba sin hacer, le conoce Mourinho incluso desde antes. Coincidieron en 2001 y 2002 en el União Leiria, un equipo de la media tabla que consiguió terminar la Liga en el quinto puesto. Es la persona en la que delega una vez pasada la primera toma de contacto con la plantilla. De momento, es el técnico quien está encima de los jugadores, pero no era raro ver a Faria dirigir los entrenamientos del Inter mientras Mou se quedaba en una esquina corrigiendo los errores.

Todos los días, antes del entrenamiento, se les ve charlar sentados bajo una de las carpas blancas en el campo de prácticas de la UCLA. A Faria siguen escapándosele varias palabras en italiano. Habla cuatro idiomas (además del italiano, el inglés, el portugués y el castellano) y dice que lo primero es aprender los términos que necesita para su trabajo y luego apuntarse a un curso. De él adoptó Mourinho una nueva metodología de trabajo: ejercicios diferentes en cada sesión y siempre con la pelota para combatir la monotonía. A Faria, en su primer día en el Inter, los periodistas le preguntaron por qué los jugadores no hacían carrera continua: "Por la misma razón por la que los atletas no juegan al fútbol y no se entrenan con el balón".

"Trabajar siempre con el balón es lo que más agradecemos. Se hace todo menos cansino", asegura Granero. "Ha dado una vuelta por completo a lo que era el Madrid", añade Pepe. Cuando Mourinho, tras ganar la Copa de Europa con el Oporto, se marchó a Londres, solo puso una condición a Roman Abramóvich. "Hay una persona, únicamente una, imprescindible para fichar. Es Rui". Faria es el que más tiempo lleva trabajando con Mourinho (nueve temporadas).

El novato es Morais, el ojito derecho de Mou y objeto de todo tipo de bromas por parte de la plantilla. Un tipo de 45 años que tiene un cierto parecido a Maicon y que en el césped no se separa del técnico ni un minuto.

Mourinho le llamó en 2008 cuando Andrei Villas Boas, su mano derecha, que le seguía desde el Oporto, se marchó. Cuando recibió su llamada, Morais estaba entrenando a un equipo en Túnez. Hizo las maletas y se marchó al Inter. Se conocían desde la época del Benfica: Mourinho entrenaba al primer equipo y él al segundo. Es el encargado de estudiar a los rivales y redactar los informes. Le ayudan dos hombres del Madrid y otros dos de su confianza.

Al que Mourinho no para de pedirle que participe más es a Aitor Karanka. "¡Karanka, dentro, dentro!", le grita para que entre en el campo y no se quede pegado al palo cuando hay partidillos. Mourinho siempre se ha apoyado en un hombre de la casa. En el Chelsea era Abraham Grant; en el Inter, Beppe Baresi -compareció durante un mes en las ruedas de prensa antes y después de los partidos cuando el portugués impuso el silenzio stampa-, y en el Madrid, el club le eligió a Karanka. "Por prudente y porque tenía cierta experiencia", explica Pardeza.