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Jesús Botello es un entrenador, escritor y analista deportivo destacado, conocido por sus publicaciones en el ámbito del fútbol, especialmente en temas de análisis táctico, scouting y liderazgo. Sus obras son valoradas por su profundidad, claridad y aplicabilidad práctica, siendo utilizadas tanto por profesionales del deporte como por aficionados interesados en una comprensión más profunda del juego. Ha realizado contribuciones significativas al análisis táctico, scouting y liderazgo en el fútbol a través de sus libros y artículos. Su capacidad para desglosar y explicar conceptos complejos de manera accesible y práctica ha hecho de sus obras recursos imprescindibles para profesionales y aficionados del fútbol. Su impacto en la educación y formación de entrenadores, scouts y líderes continúa siendo profundo y duradero. Jesús Botello ha popularizado el término "Caos Organizado" en el ámbito del fútbol. Este concepto se refiere a una estrategia táctica en la que un equipo aparenta desorden, pero en realidad sigue un plan meticulosamente elaborado para desorientar al oponente y aprovechar los espacios y oportunidades de manera efectiva.

lunes, 11 de octubre de 2010

"Es más importante la filosofía que el sistema"

ENTREVISTA | Emery

Cuando estás en lo más alto de la clasificación los problemas desaparecen y, por fin, Unai Emery puede hablar de lo que realmente le interesa, el fútbol. El técnico ché desgrana su estilo, explica lo que quiere de su equipo y cómo lograrlo y disecciona cómo funciona el líder de la Liga española.

"Es más importante la filosofía que el sistema"
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Unai Emery Etxegoien

Emery

PERSONAJE - A FONDO
Nacimiento: 03/11/1971
Lugar: España
Miguel Á. Vara | 10/10/2010

Cuáles son las claves de este liderato del Valencia?

Lo primero es la calidad de la plantilla. Estamos haciendo bien el trabajo y teniendo una mentalidad fuerte para afrontar los partidos y eso nos permite haber empezado así. Lo segundo es la competitividad en la plantilla y eso se nota en que ha habido muchos cambios de un partido a otro y el rendimiento siempre ha sido bueno. Esa competitividad nace en los entrenamientos, nace en uno mismo, pasa por competir con los compañeros y se ejecuta en los partidos. Y lo tercero es que se han puesto al servicio del equipo las cualidades individuales técnicas, físicas, tácticas y psicológicas y eso es una de las bases del compromiso, que es otro factor importante, el sentirse comprometido a poner cada uno lo máximo de su parte al servicio del grupo.

¿Cómo se consigue ese mayor compromiso porque el año pasado se veía un Valencia distinto, que no iba a por los partidos como lo hace ahora?

Han cambiado los resultados, que son los que te dan fuerzas para creer en lo que estás haciendo y para asentar lo que tú crees. La temporada pasada fuimos a Getafe, jugamos un partido para ganar y perdimos 3-1 y se achacó a que no podíamos jugar tan abiertamente. Entonces, una derrota te condiciona un estilo que tú quieres jugar. Esta temporada, al afrontar el primer partido en Málaga y viniendo de una pretemporada dudosa, había que tomar una decisión sobre cómo empezar jugando y lo hicimos como la campaña pasada en Valladolid, yendo a ganar el partido y vencimos por 1-3 y eso asentó la confianza. Luego, en los partidos sucesivos, a esa misma filosofía que siempre hemos tenido se han ido sumando los buenos resultados. Pero volviendo al año pasado, arrancamos ganando 2-4 en Valladolid, luego empatamos en Lille, fuimos a Getafe con ese estilo y perdimos 3-1. No es que nos generase dudas, porque yo siempre he confiado en el estilo y sé la filosofía que quiero y a por ella voy, pero otra cosa es que un resultado malo o una serie de ellos, que puede ocurrir, crea una desconfianza en el entorno e incluso dentro del equipo que hay que saber manejar. Y este año el manejo ha sido bueno porque los resultados acompañan y eso fortalece la filosofía de este Valencia. La temporada pasada, con las primeras derrotas, se instaló un estado de crispación demasiado elevado que no ayudó al equipo. Internamente lo quisimos corregir pero llegaron dos partidos en casa que se empataron, mereciéndolos ganar de sobra, y tuvimos que controlar todo eso. El equipo reaccionó y volvimos a buscar ese estilo y en la primera vuelta superamos el bache que a mí no me hizo perder mi estilo ni la confianza, pero sí al entorno, que afectó dentro del club y a los jugadores. La segunda parte de la temporada el equipo tuvo muchas bajas y sufrimos más para sacar resultados. Pero la línea que llevamos ahora es igual que como empezamos el año pasado, sólo que una serie de resultados adversos hicieron dudar toda la estabilidad de una idea, de un estilo y este año, de momento, estamos fortalecidos en eso.

Pero este año también empataron en casa ante el Atlético y perdieron con el United.

La filosofía y el estilo no varía, lo que cambia es el fin último que es el resultado y un entrenador no se escapa de ello porque sabe que con su estilo puede perder, pero sigue apostando por él porque cree que a la larga va a ser más beneficioso, como confirmamos la temporada pasada, porque a largo plazo conseguimos el objetivo. Este año estamos en la misma línea. Es verdad que hay jugadores importantes que se han ido y eso generó unas dudas, pero han venido futbolistas que lo quieren ser, otros que estaban ya y han dado un paso al frente asumiendo responsabilidades y ésa es una de las claves. Otra que ha ayudado a que la gente esté un poco más tranquila es que saben que se han ido jugadores que han sido importantes y había dudas de cómo iba a responder el equipo ante eso y hay una permisividad que antes no había. Los aficionados están contentos porque ven que, pese a las dudas, el Valencia sigue respondiendo. Yo no tenía dudas del equipo, sentía plena confianza, pero sí es verdad que cuantas más interrogantes despejemos, mejor.

En lo futbolístico, el mayor cambio es jugar con un 4-4-2, pero eso más que una novedad es volver a un dibujo clásico.

Es más importante el estilo y la filosofía que el sistema. Si juegas un 4-4-2 a la antigua usanza, los extremos eran los que daban los centros y los delanteros los que hacían los goles, pero nosotros tenemos a Pablo, Joaquín y Mata, que juegan en banda pero tienen mucha verticalidad y gol, porque entre los tres hicieron más de 30 goles el año pasado. Si tienes 30 tantos en tus extremos lo debes tener muy en cuenta, ya no es lo que hablábamos de que los extremos sólo centran, hay que ver claro que jugando con ellos en banda así, ha funcionado y que jugar con 4-4-2 es la otra gran alternativa. El estilo del Valencia es el de tener posesión, querer ser protagonista, tener el control del partido y del balón... tenemos unas características y un estilo que se puede implantar dependiendo de las virtudes de los jugadores. Se puede hacer con un 4-4-2, que yo lo utilizaba en mis inicios, pasé al 4-3-3 y luego al 4-2-3-1 y no tengo ningún problema en jugar con cualquier dibujo porque lo más importante dentro de todo eso es el estilo y la filosofía que se puede llevar a cabo con cualquier sistema. Con todos ellos se debe presionar, ser protagonista, ser vertical sobre portería, tener intensidad eso es lo más importante y no el sistema.

Usted ya jugaba con dos puntas, Uche y Míchel, con el Almería en Segunda

Sí y en el Lorca con Huegún y Perona en un 4-4-2 muy clásico, son sistemas que ya hemos manejado. Había partidos que jugábamos con el Almería 4-4-2 y luego con Negredo, ya en Primera, nos decantamos por el 4-2-3-1 e incluso en Segunda con Crusat, Ortiz y Corona en la mediapunta lo hacíamos desde luego no son sistemas desconocidos o que improvisemos, todo lo contrario.

Estos dos puntas le dan otras alternativas al Valencia, juego de espaldas, balones aéreos, presionan más

También nos las daba Zigic, aunque quizás le costaba más adaptarse a jugar con la gente de arriba que tenemos.

Zigic y Silva, cada uno por sus características distintas, condicionaban mucho la manera de jugar, ¿no?

Sí, hay futbolistas que te condicionan. Este año no tenemos un jugador que sea tan claramente mediapunta como Silva, aunque tenemos al Chori, a Mata pero yo les considero a Mata más de izquierda y a Chori más en la fase ofensiva y cerca del gol.

Si se consolida el 4-4-2, se pueden quedar cortos de delanteros porque sólo están Aduriz y Soldado.

Tenemos que considerar a Mata y el Chori segundos puntas, puntas alternativas a Aduriz y Soldado. No son nueves, pero nos guiamos por su capacidad de hacer gol y es muy alta, estando cerca de la portería deben tener rendimiento y vamos a buscárselo.

¿A nivel defensivo han variado algo respecto al pasado?

Hemos ganado un año más de experiencia, de acumulación de trabajo y hemos intentado fortalecer el sistema defensivo empezando desde arriba. Debemos ser un poco más compactos y contundentes en todo, ser un Valencia que presione, que los centrales y los laterales estén encima de los atacantes, que no nos echen para atrás...

Su mayor problema defensivo es la espalda de los laterales y es fruto del espíritu ofensivo, ¿es permisible eso por lo que aportan en ataque?

En ese balance hay que buscar el equilibrio y que tú generes más peligro si no, estás equivocado y algo falla. Nosotros buscamos siempre hacer un balance y preguntarnos al final ¿quién ha merecido ganar el partido? Pues el que más ocasiones ha tenido y que ése sea el Valencia. Luego hay que tener más eficacia para convertir las ocasiones, pero hay que partir de un balance favorable de ocasiones creadas y sufridas. A partir de ahí, crecer. En mis inicios como jugador yo consideraba a los laterales como que estaban de relleno dentro del equipo, pero ahora considero que son muy importantes y que son precisamente ellos los que son capaces de definir a un equipo como más ofensivo o defensivo.

En el centro de la defensa en dos años se han ido Albiol, Marchena y Alexis y eso no ha sido un trauma

Los tres eran jugadores importantes, pero si no me lo dices nunca me paro a recordarlo, a mirar cómo estaba el equipo hace un año o dos y es verdad que se ha regenerado la plantilla, han entrado otros jugadores, se ha asentado David Navarro, es una defensa nueva y el equipo sigue rindiendo pese a que se fueron tres grandes futbolistas. Resulta que con gente nueva el equipo da resultado y eso es lo más positivo, que haya una continuidad en el rendimiento, un asentamiento del sistema defensivo y que funcione juegue quien juegue, ése es el objetivo, no que funcione con unos jugadores en concreto sino con cualquiera que participe.

Se ha inventado a Maduro como central y a Jordi Alba de lateral izquierdo. ¿Son sus mayores logros individuales?

Yo no me inventé su posición, no es eso, se trata de que los jugadores sean conscientes de que sus puestos se pueden ir reconvirtiendo sobre la marcha y lo deben aceptar. Jordi Alba hace un año no quería ser lateral izquierdo, se quejaba hasta en los entrenamientos si lo ponía ahí. Ahora se ha asentado y seguramente no quiere volver a ser interior, quiere ser lateral aunque tiene cosas por pulir. Con Maduro pasó lo mismo, debido al elevado número de pivotes que teníamos gozaba de menos minutos y fue al central. Nos da muchas cosas jugando ahí y él mismo lo aprueba. Son ejemplos de que lo que queremos es buscar la mejora en todos los jugadores. Por ejemplo, que Joaquín eleve su número de goles cada año y llegue a hacer 15 goles y 15 asistencias, eso es lo que queremos, ir buscando el mejor rendimiento de cada uno; buscar los mejores momentos de Vicente; que Mata siga asentándose; que los centrales hagan goles en subidas de estrategia... mejorar en todo. No se trata de reubicar en otras posiciones, sino de encontrar las mejores soluciones para el equipo.


"El estilo del Barça es el más estético del mundo"

La primera prueba de fuego para saber si el Valencia va en serio en lo de aferrarse al liderato será el próximo sábado en Barcelona. El técnico ché recuerda que se miden al mejor equipo del mundo, pero pese a ello espera en que sigan siendo competitivos y no bajen del primer puesto.

"El estilo del Barca es el más estético del mundo"
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Mguel Á. Vara | 11/10/2010

La estrategia está funcionando y no sólo las primeras opciones, explique en qué están trabajando

Dentro de la organización de las colocaciones, es muy importante la utilización y la lectura de aprovechar los espacios. En las primeras jugadas las marcas son muy fuertes porque son las que todo el mundo ve, pero las que se pueden producir en segunda jugada son las que te dan ventaja. Una buena colocación, en lo que insistimos con los vídeos y el trabajo de campo, y luego un buen aprovechamiento de esas situaciones, este año nos están dando varios goles y eso nos refuerza el cómo entender esas jugadas. Es como cuando se comenta lo de los córners en corto y lo hacemos porque buscamos eso, que se produzcan unos desequilibrios defensivos en segundas y terceras jugadas provocadas para que haya espacios para hacer gol y eso nos ha ido bien. A veces es difícil explicarlo porque el aficionado quiere ver un golpeo directo al centro del área, pero esas jugadas son las que peor opción tienen porque las marcas son más fuertes, en cambio, provocando una segunda opción de juego, se clarifican las cosas. El año pasado esto ya nos dio fruto.

¿Quizás el gran secreto sea la competencia entre los mediocentros? Tiene usted calidad y cantidad...

En pretemporada se habló mucho pero jugamos con trivote muchas veces para darle minutos a todos, para prepararlos a todos y que estuvieran preparados para la competición y ahora se está viendo que el que entra, rinde. Topal le da una competencia buena a Albelda para mejora del equipo. Banega la temporada pasada irrumpió, queriendo ser futbolista por encima de todo y ahora lo tenemos en la selección argentina. Tenemos a Manuel Fernandes que no ha tenido una continuidad en su rendimiento por diversos factores, pero tiene unas condiciones para el fútbol muy buenas. Lo más importante es la mentalización del futbolista porque cuando uno tiene cuerpo pero la mente no le tira del cuerpo, le cuesta más. Estamos trabajando fuerte con él para que se integre y esas condiciones que él sabe que las tiene, las haga funcionar con su cabeza. Y el está teniendo una actitud muy buena desde pretemporada y eso que pensaba en irse, pero se ha quedado porque él y nosotros quisimos, y lo más importante es ver que ayuda como lo está haciendo al equipo y que está comprometido y ahora hasta va a la selección. Y Tino Costa tiene ganas de crecer, tiene un rendimiento bueno de momento, ha hecho muy buenos partidos y va a seguir creciendo en el Valencia y va a hacer crecer al Valencia.

Hasta cuando ve al Valencia líder y qué debe hacer para sgeuir siéndolo?

Tenemos que asentar el rendimiento fuera de casa y ahora llegan salidas más difíciles. Tenemos que pensar que cada partido es un examen y una final, no tenemos que pensar en lo que hemos hecho sino en lo que tenemos que hacer, nuestro miramiento es el presente, el futuro más cercano que es el siguiente partido, nada más. Tenemos que mejorar en casa ciertos aspectos del juego, continuidad, la capacidad de tener el control del partido controlando el balón, asentar los conceptos defensivos y ofensivos en casa con mayor regularidad. Eso conlleva situaciones de más eficacia en últimos pases y cerca de portería tenemos cosas que mejorar y es imprescindible que en casa se asienten y mejoren para que Mestalla sea un lugar en el que siempre queramos jugar y su afición encuentre un Valencia en una línea buena de juego y eso le lleve a los resultados.

El próximo partido les enfrenta al Barça, ejemplo de muchas cosas que usted busca implantar en su equipo y con un Guardiola del que siempre ha hablado muy bien.

Admiro lo que ha hecho Guardiola porque ha conseguido que el Barça sea el mejor equipo del mundo. El estilo de juego del Barça está muy definido y es el más estético del mundo, el más bonito para mi concepción del fútbol. La verdad es que no esperábamos que no fuese capaz de ganar al Hércules, al Mallorca o de ganar tan ajustadamente al Sporting y eso es un primer aviso pero nosotros, sabiéndolo, vamos a ir Barcelona sin utilizar eso, sino que vamos a esperar al mejor Barcelona, que aparezca su mejor versión porque debemos estar preparados para enfrentarnos a eso, al mejor Barça, y ése es el Barça que le ganó al Panathinaikos. Nosotros vamos a trabajar esperando un partido de máxima exigencia y en el Nou Camp, pero teniendo datos de que también han sido otro Barça.

domingo, 22 de agosto de 2010

José Mourinho

 'En el fútbol lo arriesgo todo. En lo personal, riesgo cero'

JUAN CRUZ 22/08/2010
 
El nuevo entrenador del Real Madrid lanza su desafío contra el mejor equipo del mundo, el Barça, en la Liga más apasionante, que comienza la próxima semana. Mourinho da aquí algunas claves para entenderle en una de las poquísimas entrevistas que concede.
La gente lee ahora cualquier cosa que diga José Mourinho, portugués de Setúbal, 47 años, con el morbo que desatan los exabruptos. La gente espera de él una declaración grandilocuente, una descalificación del contrario, una explicación arrogante de sus objetivos o de sus métodos.
      Mourinho con Bobby Robson, ex entrenador del Barça
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      José Mourinho cuando trabajaba como traductor para el entonces entrenador del Barcelona, Bobby Robson- AGUSTÍ CARBONELL

       

      "Cometeré errores, pero tendré la máxima honestidad con mis jugadores"
      "Hoy el entrenador ha de saber ocuparse de la gestión de los egos"
      "Guardiola es perfecto para el Barça. Lo entiende todo, lo tiene todo"
      "Quiero ser el único en ganar las tres ligas más importantes del mundo"
      "Mi pensamiento es el fruto de la unión de la universidad y el fútbol"
      "Soy un hombre de perfil bajo. No me gusta nada la vida social. Ni la mentira"

      Aunque esa es la imagen que trasciende, ese no es ni mucho menos el único José Mourinho; ese es el traje que se le ha hecho al nuevo entrenador del Real Madrid. Se lo ha fabricado él mismo, es cierto, pero no es el único que viste. Ese traje es un pararrayos sobre el que caen los truenos que él no quiere que caigan sobre los jugadores.
      Es cierto que tiene una alta consideración de sí mismo, la máxima quizá, que su ego está al servicio de su profesión. Es cierto, y de la cabeza a los pies tiene esa vestimenta moral que le hace parecer arrogante, básicamente porque lo es.
      Pero tiene otro traje, que también es verdadero; con él apareció, a veces, en esta entrevista, y de esa conversación salí con las notas que justifican esa impresión: Mourinho no es solo el hombre del ceño fruncido, cabreado con media humanidad (la que no está con él). Es también un tipo afable, que marca bien las distancias pero que no se va del sillón cuando se cumple el tiempo (veinte minutos) que prometió para este encuentro, que duró luego algo más de tres cuartos de hora.
      Ahí sigue, pues, e incluso sonríe, o ríe, cuando al final recuerda que su último equipo, el Inter de Milán, jugó con cinco delanteros, "¡cinco delanteros!", frente al Siena, en la Liga italiana. Bromea con su barba, que, como casi siempre, lleva dos o tres días creciendo, con el rostro que le ha ido dejando la edad y con sus ojos, de los que uno de sus maestros, Bobby Robson, que le trajo de traductor al Barça en 1996, dijo que eran "los más extraordinarios" que había visto en su vida. Traductor. Luego se lo gritaron en el Camp Nou (¡traductor!) como un insulto. "Era un insulto para los traductores".
      Así que es evidente que la gente se fija más en el ceño de Mourinho que en lo que dice José Mourinho: su ceño es grave, escrutador; entra por la puerta, da la mano, despeja las dudas, sin decir una palabra, sobre el papel que tiene cada cual, y se apresta a ser preguntado. Pero lo que dice no es como su ceño. Ese del banquillo es una especie de destilación de José Mourinho, un trabajador enfrascado en el objetivo, aunque él no lo diga, de hacer feliz a su padre. Por él, José Manuel Félix Mourinho, que fue portero del Vitória de Setúbal y entrenador en Os Belenenses, lo hace todo. Por él ahora quiere ganar al frente del Madrid, igual que ganó con el Chelsea o con el Inter. No pudo ser un jugador importante, y quiere ser el entrenador más importante, el más galardonado del mundo.
      Es ambicioso, cómo no. Es muy ambicioso. Eso se le ve en el campo y se le ve en las palabras; no oculta ninguno de los objetivos ambiciosos de su vida, los va enumerando como si los tuviera incrustados en la memoria. Esa obsesión por ganar desde el banquillo lo que no pudo ganar jugando es ya, más que un objetivo, un punto de vista.
      Michael Robinson, ex futbolista, comentarista de Canal +, periodista, coincidió con él durante un mes en Yugoslavia. Y lo define así: "El tiempo en que estuve con él fue muy gratificante; me llevé la impresión de un hombre cálido, afectivo y espléndido. Según ha ido evolucionando, esas características han calado en su personalidad y ahora no solo es un gran entrenador, sino que tiene muchos registros como ser humano. Se pone un traje ante los medios, pero es un crack de la comunicación, generoso con los futbolistas; les hace saber que ellos son los que ganan y él es el que pierde, por eso le tienen adoración. Les transmite amor y respeto; es más blando que duro. Sus guerras dialécticas son momentáneas. Son pequeños instantes en una vida que inspira un especial cariño".
      Hay que llamarle para agradecérselo. Me conoce bien... Es un análisis de una persona muy inteligente o de una persona que me conoce bien. Quizá porque sea al mismo tiempo periodista y ex jugador tiene esa sensibilidad para entender el juego.
      Caramba, qué cosas le dice Robinson...

      Todo ha sido muy natural. Nací en una familia de jugador; crecí después como hijo de entrenador. Ese ha sido mi hábitat natural. Muchos años más tarde, el fútbol sigue siendo parte indisoluble de mi vida; cuando nace mi hija, yo tengo un partido, y el día que nace mi hijo tengo otro partido.
      Déjeme que empiece citándole a Ángel González, el poeta asturiano. Decía: "Para que yo me llame Ángel González, para que mi ser pese sobre el suelo...". ¿Qué ha tenido que pasar para que usted sea José Mourinho, el hombre al que conocemos hoy? ¿Cómo fueron su infancia, sus amigos, sus padres? ¿Cómo fue la vida que le condujo a amar el fútbol?

      Por supuesto. Es mi vida. El fútbol... Mi padre se casó con una profesora de portugués. Esa combinación me hizo amar el fútbol por una parte, pero al mismo tiempo la presencia de mi madre, su actividad, me influyó para tener un poco de control de esa pasión y mantener una motivación cultural y académica [Mourinho relata su vida como si estuviera presentando un currículo que va viendo en un teleprompter]. De joven, cuando tenía 17 años, apareció una novia en mi vida, una chica de 15 o 16 años que ahora es mi mujer; ella también tiene formación universitaria, de filosofía, yo estudié educación física. Por tanto, la formación de mi pensamiento es el fruto de la unión de dos áreas que algunos creen incompatibles, la universidad y el fútbol. Cuando entro en la universidad tengo tantas obligaciones que la presión de hacer las cosas bien, de acabar la licenciatura, cambia mi propio modo de ser: ya no quiero ser aquel niño que pensaba jugar a un alto nivel al fútbol y sé que soy un joven que jamás podría ser un crack como había soñado; me doy cuenta de que podría ser tan solo un jugador como tantos otros que aman el fútbol, pero que jamás podría estar en el top. Es entonces cuando advierto que he de ver la vida desde la perspectiva de alguien que tiene una tendencia natural para liderar, para estudiar, para entender más los aspectos científicos de las cosas... Después, poco a poco llegaron las oportunidades. Tuve la suerte de trabajar con Bobby Robson, quien me lleva al Barcelona, un gran club mundial. Luego tuve la suerte de trabajar con Louis van Gaal, muy diferente de Bobby, muy metódico, muy organizado, con gran criterio. A lo que hay que añadir la fortuna, la gran fortuna, de trabajar con grandísimos jugadores. Y el momento de la verdad llegó cuando inicio en Portugal mi carrera como primer entrenador, en el año 2000. A partir de ahí, en 10 años, todo ha sido explosivo, muy rápido. Explosivo, digo, porque ha sido en un corto espacio de tiempo, pero ha habido un largo recorrido hasta llegar aquí.
      Y usted fue a los dos partidos.

      Una gran autoestima, sin duda. No mueve apenas las manos. Una la tiene, invariable, sobre la rodilla izquierda, y la otra sube y baja como si manejara la batuta de los años. Al contar su vida, de todos modos, es cuando más se distendió el ceño de Mourinho, como si hablando de sí mismo estuviera visitando a un viejo amigo.
      Es un gran elogio. Pero lo que yo les digo a los que ahora trabajan para mí es que es importante ver bien, pero aún más importante es que la información llegue muy bien a quien tiene que recibirla. Y es más importante la calidad de la información que nos llega que la calidad de lo que vemos. Es lo que intento enseñar a los que trabajan para mí. Tienes que leer, pero tienes que hacer que los demás entiendan perfectamente lo que tú has leído. Un aspecto que mi experiencia me ha hecho entender es que cuando no eres el primer entrenador puedes tener capacidad de observación y de análisis. Pero cuando ya eres el máximo responsable, en el momento de la verdad, la que vale es la capacidad que tienes para seguir leyendo, analizando y decidiendo bajo presión. Eso que ahora científicamente se llama "inteligencia emocional". Una cosa es un asistente que está en la tribuna o en la grada, un profesional que está delante del ordenador o del televisor viendo una, dos, diez veces un partido, y otra cosa es la tensión altísima de los noventa minutos de un partido que no puedes parar, en el que no puedes decir: "Oiga, espere, que tengo que pensar. Rebobina, que tengo que verlo otra vez". La capacidad de hacer una lectura bajo esta presión es un aspecto muy importante de los entrenadores. El mundo del partido es totalmente distinto, completamente aislado del resto.
      Ya que ha mencionado a Robson. Dijo de usted, de su trabajo como ayudante suyo, que tenía "el par de ojos más extraordinario que había conocido nunca".

      La honestidad. Lo más importante de un entrenador, y quizá de un hombre. Porque cuando mi padre me lo enseñó, siendo yo un niño, él ni soñaba con que yo pudiera ser entrenador de fútbol. Para ser un hombre y para traspasarlo al fútbol, para ser un líder, porque un entrenador es un líder, me parece que la honestidad es lo más importante. Mi padre es para mí un ejemplo. Cometeré errores en mis decisiones, en los análisis, pero guardaré el máximo de honestidad con mis jugadores. Nunca les llegará una decisión o crítica mía por boca de otra persona. La experiencia me lo dice. Siempre he tenido una relación absolutamente fantástica con mis grupos de trabajo y me parece que la culpa de esta relación es esa honestidad que mantengo con los jugadores. Una de las cosas que quiero explicarles es precisamente esto, que quiero tener una relación muy grata, muy honesta, y bilateral: yo contigo y tú conmigo. No quiero intermediarios. No quiero que un jugador declare a la prensa que le gustaría saber por qué no juega: que me lo pregunte a mí. Tampoco quiero decirle a la prensa por qué razón ese futbolista no juega; se lo diré a él. Para mí, la relación directa, honesta, mirándonos a los ojos, es lo más importante. Tendremos momentos negativos, como es obvio, porque un jugador es un animal muy especial -lo digo con todo el cariño, no en sentido crítico-, y una de las características de este animal es que si no juega no es feliz. Por eso siempre llegan momentos difíciles, pero la dificultad es menor si tienes una relación honesta y directa. No soy un entrenador que explique todos los días a los jugadores sus decisiones. No lo explico, pero siempre tengo una o más razones para tomar esa decisión. Si la quieren saber, es muy fácil: la puerta de mi oficina estará siempre abierta para explicársela.
      Lo primero que habrá visto es a su padre dirigiendo. ¿Qué aprendió de él?

      Ha cambiado de forma increíble. Hace 40 años, y recuerdo a mi padre hablar de esto, ver a un futbolista con un libro en las manos en una concentración era excepcional; ese era un jugador que estaba muy por encima de los demás a nivel cultural. Entonces jugaban a las cartas. El mundo ha evolucionado y ahora el futbolista es muchísimo más instruido. Cuarenta años atrás, un entrenador con dos dedos de inteligencia y dos dedos de cultura tenía un dominio intelectual y cultural sobre sus futbolistas. Los jugadores no tenían ni la capacidad de entender en qué trabajaban, cómo trabajaban, sus necesidades... No. Simplemente comían de aquello que les daban de comer, futbolísticamente hablando, y nada más. Hoy un jugador es un hombre con una posición totalmente diferente en la sociedad. Antes no podía entrar en muchos ambientes sociales. Hoy todos quieren que los futbolistas pertenezcan a los diferentes espacios sociales. El jugador es mucho más culto, más inteligente, es más exigente. Por eso creo que hoy un entrenador tiene que estar mucho más preparado que años atrás. Un entrenador que hoy solo entiende de fútbol es un entrenador pésimo. No puede sobrevivir. Y el entrenador clásico, aquel que fue jugador o que entiende mucho de fútbol y es entrenador dos días después, no tiene muchas posibilidades de tener éxito si no está preparado en todos estos niveles de los que hablamos. No es tan solo entrenar bien, jugar bien, decidir y ganar. Es mucho más: ha de ocuparse de la gestión de los egos, de las emociones; los entornos hacen ahora nuestro trabajo mucho más complejo, muy bonito y también muy difícil.
      Desde hace más de diez años, usted tiene un objetivo: ser un líder de grandes equipos. Donde hay un montón de egos. ¿Cómo los domina? ¿Ha variado mucho el ego de los futbolistas?

      Encuentras de todo, como en todas las áreas profesionales. Me parece que hoy un jugador es muy orgulloso, también en el sentido positivo de la palabra. Cuando llega a un determinado nivel, ya no piensa en su futuro, me refiero a su futuro económico. El jugador de hoy que quiere jugar y jugar bien, que quiere ser titular, cerrar más contratos, que quiere ganar y ganar siempre, o lo hace por orgullo propio o no lo hace. La cuestión en este momento no es un euro más o menos, es el orgullo personal. Y hablo por mí mismo. ¿Por qué trabajo? ¿Porque quiero ganar? ¿Porque quiero continuar? Trabajo porque me gusta, porque tengo orgullo propio, porque la gente espera que gane. Yo quiero seguir haciéndolo para estar bien conmigo mismo. Cuando llegamos a este nivel, es una cuestión de orgullo personal. Yo quiero hacer historia, Ronaldo quiere hacer historia, Messi quiere, Zanetti quiere... Los jugadores importantes quieren hacer historia, su propia historia. Dentro de 50 años seguiré estando en la historia del Oporto, del Chelsea, del Inter... Nosotros, jugadores y entrenadores, los que hemos llegado a este nivel, es por orgullo natural, es un orgullo innato. Si no fuera por esto, un día te levantarías de la cama y dirías: "Basta". Nunca diré basta.
      ¿El hecho de que sean más cultos los ha hecho más autocríticos?

      Se debe saber por qué. Se debe saber dónde mejorar. Si es culpa nuestra o del adversario. Si es culpa nuestra, es un gran problema. Si es culpa del adversario porque ha sido mejor que nosotros, okay, lo aceptamos, porque querer ser mejor que el adversario será un estímulo para mejorar. Cuando se pierde por culpa propia, debes pensar muy bien qué hacer.
      No basta jugar, entonces. Lo importante es ganar. ¿Y cuando se pierde?

      El aspecto cultural es muy importante. Una vez dije algo que quizá pasó inadvertido y que acaso sea una de las cosas más acertadas que he dicho sobre el fútbol. Jugaba el Chelsea contra el Barça y las preguntas siempre eran las mismas: quién es mejor. El Chelsea estaba muy fuerte, había sido campeón de Inglaterra, el Barça era el campeón de España y jugábamos unos cuartos de final de la Champions. Les dije: este Chelsea es campeón de Inglaterra, y si jugara la Liga española no la ganaría. Y el Barça es campeón de España, pero no ganaría la Premier. Y la construcción de los equipos debe realizarse de acuerdo con la cultura y con las cualidades que tienes para ganar. Como jugaba hace cuatro o cinco años, el Barça no ganaba la Premier. Quizá hoy la ganaría. Por eso es imposible que un entrenador llegue a un país y diga: "Este es mi sistema, mi filosofía de juego". Si un día Pep [Guardiola] va a Inglaterra o a Italia, quiero ver si su equipo juega como el Barcelona... ¿Seré capaz de hacer con el Madrid lo mismo que he hecho con el Inter a nivel de juego? Imposible. El aspecto cultural es muy importante.
      ¿Cómo ve los sistemas que dominan hoy en el fútbol? Usted parece que impone un sistema según el contrincante al que quiere vencer...

      Exactamente. La idiosincrasia es fundamental. Puedes tener principios del juego, puedes no abdicar de ellos, pero la idiosincrasia del club y de la propia Liga son fundamentales. Si intentas jugar contra esos principios, estás jugando contra ti mismo. Existen cosas en el Real Madrid que quiero mantener.
      Es decir, que la identidad de un equipo y de un entrenador como usted es la historia que lo va conformando...

      Por ejemplo, la obsesión por jugar un fútbol ofensivo y atractivo... Todos me dicen que el aficionado del Real Madrid quiere ganar, ver un juego ofensivo y bonito. Yo también. Pero no quiero un Real Madrid bajando con cinco y atacando con cinco. Y he visto muchos partidos del Madrid con cinco jugadores detrás de la línea del centro del campo y cinco delante. Cuando se perdía el balón, los cinco de detrás echaban a correr y los cinco de delante se dedicaban a reposar. Eso no lo quiero. Existen principios a los que no puedo renunciar. Hablando de un modo general: ganar, jugar bien, jugar ofensivo... Obviamente, esa historia no quiero cambiarla.
      ¿Por ejemplo?

      No, no. Guardiola no aprendió de mí. Guardiola tiene una formación de cultura de club de toda la vida. Ha estado un año en Brescia (Italia) y otro en Qatar (donde seguramente jugaba más al golf, que le gusta mucho), pero su vida es el Barça. Cuando me lo han preguntado alguna vez, siempre he dicho que Pep es el entrenador perfecto para el Barça. Es catalán, es culé, nació allí, en La Masía, es amigo de Cruyff, hay aficionados con mucho amor por él, con mucho amor por el club. Lo entiende todo, lo tiene todo. Para mí es el entrenador perfecto para el Barça. Cuando nombraron presidente a [Sandro] Rosell y le ofreció seis años de contrato..., ¡yo le hubiera ofrecido diez!
      Es lo que dice Guardiola de su propio equipo. Algo habrá aprendido de usted cuando coincidieron en el Nou Camp...

      Ha sido buena, es buena y será buena. Si tenemos algún problema a nivel futbolístico, no será nunca un problema entre José Mourinho y Pep Guardiola: será un problema entre el entrenador del Real Madrid y el entrenador del Barcelona. Es totalmente diferente. Lo respeto tanto como creo que él me respeta a mí y no tenemos ningún problema personal, todo lo contrario. En este momento no le puedo desear suerte porque jugamos a lo mismo, pero aparte de eso no hay ningún problema.
      Tengo curiosidad por saber qué comentó con Guardiola cuando acabó el partido en que el Inter eliminó al Barça de Europa. Cuando usted estuvo allí con Robson, su relación con Pep era buena...

      Como en todos los planteamientos, tienes que ser flexible y adaptarte a la situación. Tienes que analizar y hacer un diagnóstico del día a día a todos los niveles. En mi vida profesional es muy difícil que este planteamiento sea cumplido automáticamente, tiene que haber desviaciones... Tenía tres grandes objetivos cuando empecé a entrenar. He alcanzado dos casi. Uno, ganar tres Champions con tres clubes diferentes. Ernst Happel, Ottmar Hitzfield y yo hemos ganados dos cada uno en dos clubes diferentes. Happel ha fallecido. Hitzfield está a punto de retirarse y a mí me quedan muchos años de carrera por delante. Otro: quiero ser el único en ganar las tres Ligas más importantes del mundo: la española, la italiana y la inglesa. En este momento, Fabio Capello ha ganado la italiana y la española; Carlo Ancelotti ha ganado la inglesa y la italiana, y yo, la inglesa y la italiana. Capello, si no vuelve a un club, como él dice, ya no llegará. Solo estamos Carlo y yo, y no sé si Carlo lo tendrá entre sus objetivos. Yo quiero ganar las tres.
      Hace unos años dibujó su futuro: ganaré esto en Inglaterra, esto en Italia, esto en España, esto en Portugal...

      El tercero es dar a mi país algo que aún nadie le ha dado: el título de campeón del mundo o de Europa. Esto es más difícil porque no me gusta entrenar selecciones. Es un sueño para mí. Me parece que Portugal, un país pequeñito, de diez millones de habitantes, sin un potencial económico, sin grandes infraestructuras, tiene un fútbol que merece algo importante. Es un fútbol que ha dado tres balones de oro, ha dado a Eusebio, a Ronaldo, a Figo... Un país que ha dado un Benfica histórico y un Oporto que ha ganado la Champions merece dos cosas: ganar un título grande y ganar algo aún más fácil: llegar, con la ayuda de España, a tener un Mundial de fútbol. Tenemos que ganar esta candidatura.
      Y el tercer objetivo.

      Soy un portugués muy atípico, porque el portugués en general echa de menos a Portugal y yo no. No tengo saudade, quizá porque tengo una familia espectacular, porque estoy enamorado de lo que hago... No tengo saudade, pero tengo mucha pasión. Soy un portugués que no quiere volver, no quiero trabajar en ningún club portugués, no quiero vivir en Portugal, pero soy un portugués al que le gustaría hacer algo importante con mis capacidades.
      En toda la conversación no le había visto tanta ilusión en los ojos como cuando ha hablado de Portugal.

      Primero, no leo mucho lo que se dice de mí. Óscar [Ribó, responsable de prensa de Mourinho y del Real Madrid, que está presente] es testigo de que todos los días quiero un SMS suyo con un resumen de prensa, porque no leo periódicos ni veo la televisión; solo la utilizo para partidos que quiero o que tengo que ver. Es una protección para mi estabilidad personal. Si llega una persona cercana que habla mal de mí, eso sí me genera un problema porque significa que algo está mal, o en mí o en esa persona. Cuando habla mal de mí una persona que no me conoce, eso no me crea ningún problema. El fútbol me ha dado tantas cosas buenas que tiene todo el derecho a darme alguna mala.
      Al principio le leí lo que dice Robinson de usted. Los que están en su cercanía dicen que es cálido, humano. Pero en muchos sitios se dice de usted que es una persona difícil, inaccesible, irritable. ¿Cómo reacciona cuando lee que dicen eso de usted?

      La mala es que he perdido totalmente mi privacidad. Todos me conocen, todos hablan de mí, no puedo ir por la calle con tranquilidad, no puedo pasear con mis hijos, con mi mujer, con mi familia, no puedo viajar tranquilamente. Y tengo que leer muchas mentiras -cuando leo- sobre mí.
      ¿Cuál es la mala?

      Las mentiras. Fuera del fútbol soy un hombre totalmente distinto al que está en el fútbol. Si en el fútbol lo arriesgo todo, soy arriesgado en la forma de liderar, arriesgo en la manera de comunicar, de gestionar mi relación con la prensa..., arriesgaré mucho con el equipo, ya lo verán... En mi vida personal, sin embargo, soy exactamente lo contrario: riesgo cero, perfil bajo, inversiones económicas cero. Riesgo con mis euros cero. Soy un hombre de perfil bajo, no me gusta la vida social, nada. Y la mentira, lo que menos me gusta. ¡Dijeron que en mis vacaciones en Kenia había contratado a un brujo! ¡Lo que inventan!
      ¿Qué es lo que más le ha molestado?

      Mire, la gente ve a un Mourinho durante noventa minutos, en el campo, y antes de los partidos y después, en las conferencias de prensa. Ese Mourinho está jugando el partido. Es difícil percibir a un Mourinho que no esté ya jugando el partido. En el partido estoy de pie noventa minutos, hablo con los míos, con los adversarios, con los árbitros... Estoy jugando mi partido, no salgo a hacer teatro, estoy trabajando. Las ruedas de prensa son espacios de trabajo. La gente me conoce trabajando. Esta entrevista que estoy haciendo con usted no sé si se volverá a repetir, durante la temporada apenas hago entrevistas, jamás voy a la televisión, para mí abrir mi casa es imposible, pararme por la calle con aficionados es muy difícil... Me gustaría visitar una peña de mi club, pero ya me han dicho que son tantas que si voy a una tendría que ir a todas, así que no puedo ir a ninguna... Así que a Mourinho nadie le conoce. Le conoce la familia, los amigos y quien me conoce de verdad.
      También dicen que le gusta leer, que le gusta la música...

      Gabriel García Márquez me gusta, pero tengo poco tiempo para leer. Trabajo muchas horas, y cuando llego a casa me gusta estar con los míos. No puedo ser tan egoísta como para exigir mi propio espacio. Tengo que hacer cosas que les guste hacer a ellos, ver la película que le gusta a mi mujer, ir al cine y ver la película que les guste a mis hijos... El otro día estuve en Madrid, muerto de cansancio, pero mis hijos querían ir al Parque de Atracciones. Pues al Parque de Atracciones...
      Déjeme entrar un momento en su casa. ¿Qué libros lee?

      En casa río muchísimo; en mi ambiente de trabajo, también. Y ganar también me hace reír muchísimo.
      ¿Qué le hace reír?

      Alguna vez he pensado, después de una derrota, que afortunadamente son pocas: no debo estar triste porque en el otro vestuario hay gente que está muy feliz. Pero para pensar así tengo que perder muchas veces.

      Terminemos con otro poeta, Rudyard Kipling, que advierte en su poema 'If' contra dos impostores: el triunfo y la derrota. ¿Piensa lo mismo, son armas de doble filo?